Libertad
Fue un medio de disfrute
placentero, un externar sentimientos y pensamientos que si los dejaba libres
serían presa fácil del viento y el olvido eterno. Esa fiesta interna que hacía
palpitar alegremente el corazón de tantos buenos sentimientos sin par que si
los dejaba dentro corrían el inminente peligro de estallar y romper en llanto,
sacar esas lágrimas poéticas, unas líricas perpetuas que el ruiseñor se
encantaría en imitar.
Simplemente eran momentos de
intensa alegría y gozo que tenía que plasmar. Ahora corre el riesgo de todo
acabar.
En lo más recóndito de mi ser están
estas líneas que plasmo, sin miedo a ser condenado porque en prisión me
encuentro.
Expreso y hago saber que nací libre
y para ser libre y que mi embrión fue único. No me pusieron grilletes malvados
ni un amor desesperante para que me aprisionara. El silencio no es opción
porque de callarlo, un infarto fulminante está al asecho y la resucitación en
mi propio cuerpo estaría en peligro, y entonces, en ese preciso momento
necesitaría un espíritu cambiado, un amor verdadero y puro; consciente, eterno,
romántico, silente y florecido.
En realidad, me he sentido preso,
encarcelado en una jaula de carne y hueso. Y me hago la pregunta: ¿vale la pena
estar enjaulado sin poder sacar provecho de esa vil situación? ¿cuál de la
prisión o la libertad es mejor consejera?
Sin libertad no existe proyecto
realizable que valga la pena soñar y luchar sin miedo de la derrota, no hay
gusto gota a gota ni un porvenir seguro. Sencillamente no hay futuro. Se vive
el día a día sin gusto, sin el disfrute que da saber que hay algo bueno que nos
espera y ávidos corremos a su encuentro.
Vivir no es estar solamente vivo,
es sentirse libre, proyectado a una vida mejor, caminar de las manos sin
manchas del Creador, es ese verde campo con su río cristalino que fluye en
nuestro interior.
Y otra vez surge la pregunta: ¿vale
la pena soñar en situación de privación de libertad? No es para mis adentros un
apreciable tesoro, es realmente todo lo contrario, desdeñable y desechable sin
usar.
La persona se bloquea cuando siente
y ve que la confianza y el respeto han tomado rumbos diversos en dirección a
escabullirse entre el espeso bosque de zarza verde y el pedregoso camino,
empinado y espacioso. Nada halagüeño espera, nada que valga la pena.
El rigor, la intolerancia,
desconfianza y fatiga están a la orden del día y esto no es bueno para el
espíritu. Ya lo dijo el sabio Salomón: “El espíritu triste seca los huesos,
pero el corazón alegre constituye buen remedio”. Entonces, no debemos dejarnos
morir y ser presos de la tristeza y el vil desaliento, hay que mantenerse joven
y practicar la alegría como cuando asistimos a un gimnasio, una fiesta, la
iglesia, una reunión familiar, con los amigos de la adolescencia y juventud,
compañeros de labor, de universidad, leer un buen libro, bañarse en la playa o
en un bonito río. En fin, lo que nos haga sentir alegres y no ponga tristes a
otros.
Como Miguel de Cervantes Saavedra,
con su pequeña prisión, sin rejas, sin grillos de metal, pero fuertes a la
sazón hay quienes se encuentran. Obvio, con sus amplias diferencias, pues ese
gran caballero, con su prisión de metal, con su visión inaudita, pocos se
pueden igualar.
La emancipación es una de las mejores
consejeras, si no es la mejor, pues sin libertad no puede haber desarrollo
sostenible sino una burbuja que se pierde en el vacío y no llega al horizonte.
¿cuál de los países del mundo ha
tenido un desarrollo creciente y sostenido sin que sus habitantes,
trabajadores, funcionarios y consejeros se sientan y realmente sean libres?
La libertad se ha convertido en una
opción y no debe ser así, sino una obligación, aunque suene extraño.
Seamos libres y rendiremos, seamos
esclavos y moriremos.
Gritemos libertad y luchemos por
ella, pero primero debemos dar libertad y actuar en esa dirección.
Dámaso Brazobán Laurencio.
Lunes 05 de diciembre del 2016.
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